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Tu guía de comida y bebida en Buenos Aires
Hablar de Buenos Aires sin hablar de su comida y su bebida es casi un sacrilegio. La gastronomía porteña es una síntesis fascinante de tradiciones inmigrantes —italiana, española, árabe, judía, japonesa— que se fusionaron con los sabores y productos locales para crear una identidad culinaria única, reconocida hoy en todo el mundo.
El asado es la institución gastronómica más sagrada de Argentina. No es solo una forma de cocinar carne: es un ritual social, una celebración, una filosofía de vida. En Buenos Aires, las parrillas son omnipresentes y las hay para todos los estilos y presupuestos. Desde la parrilla de barrio con sus mesas de fórmica hasta los restaurantes de cocina de fuego de autor como Don Julio, El Pobre Luis o La Cabrera, la carne argentina —criada en las pampas con una calidad incomparable— es una experiencia que hay que vivir al menos una vez.
Pero Buenos Aires va mucho más allá del asado. La pasta es una herencia italiana que los porteños abrazaron con todo el entusiasmo: los ñoquis del 29, la lasaña de los domingos, los ravioles de ricota y espinaca en cualquier trattoria de barrio. Las empanadas, de carne, de humita o de jamón y queso, son el snack perfecto a cualquier hora del día. Y la pizza porteña —alta, con mucha mozzarella, una rareza para los italianos— tiene sus templos en Güerrín, Las Cuartetas y El Cuartito.
La escena de la cocina de autor ha explotado en Buenos Aires en la última década. Cocineros como Narda Lepes, Donato de Santis, Germán Martitegui y una nueva generación de chefs jóvenes han puesto a Buenos Aires en el mapa gastronómico mundial. Restaurantes como Mishiguene, Elena, Tegui y Gran Dabbang representan lo mejor de la cocina contemporánea porteña, con menús degustación que son verdaderas obras de arte.
En materia de bebidas, el vino argentino —y especialmente el Malbec de Mendoza— es el protagonista indiscutido. Las vinotecas de Palermo y San Telmo ofrecen selecciones extraordinarias y los precios, comparados con Europa, son una verdadera ganga. La cerveza artesanal también ha vivido un boom impresionante: hay microcervecerías en casi todos los barrios y bares especializados donde probar decenas de estilos diferentes.
El mate es la bebida nacional por excelencia y, aunque no se sirve en los restaurantes tradicionales, es parte del paisaje cotidiano de la ciudad: en los parques, en las oficinas, en los bancos de plaza. Si alguien te ofrece un mate, aceptalo: es una invitación a la amistad.
Los mercados y los recorridos gastronómicos son la mejor manera de entender la diversidad culinaria de Buenos Aires. El Mercado de San Telmo, el Mercado del Progreso, el Mercado de Belgrano y los mercados de productores de Palermo son espacios donde la comida, la cultura y la vida cotidiana se mezclan de manera irresistible.
Y para terminar bien el día, nada como una buena copa en un bar de Palermo, un vermut en un bodegón de San Telmo o un cóctel de diseño en alguno de los rooftops con vista a la ciudad. Buenos Aires sabe cómo cerrar una jornada con estilo.


